Genial definición de los politicos. Leido en @elmundoes. Tac-taca-tac… es la hora de los palmeros

http://www.elmundo.es/madrid/2015/01/03/54a6f61fca4741e1398b458b.html

EN MIS TRECE

Tac-taca-tac… es la hora de los palmeros

ÁLVARO ORTEGA

Ustedes no los ven porque sólo existen como masa. Se diluyen dentro de la bandada de palomas. No les conocen de nada, pero es que tampoco a ellos les importa mucho, aunque alguno lleve años dedicándose a esto de la política. Su objetivo ahora es que les haga ojitos quien tiene el poder de dar o quitar pesebre para la próxima legislatura, que se percate de que existen, vamos. Son los palmeros, los profesionales de calentar poltronas en parlamentos y ayuntamientos, del patalear al ver enarcar un poquito la ceja del jefe, reidores de gracias de garrafón, relleno de mítines…

La Asamblea de Madrid, sin ir más lejos, se ha convertido en el paradigma de tipos con sonrisas pintadas, de acariciadores de lomo ajeno, de transmutados en muleta de mediocres con ínfulas de mandamás, que claro, tienen la aspiración de seguir haciendo lo que mejor se les da, eso.

Y claro, todo esto se traduce en que el nivel político de la Cámara es para echarse a llorar. No hay rastro de la efervescencia del pasado. Sus pasillos y los despachos de los grupos políticos están tan vacíos como los bolsillos del indigente que duerme al costado del Parlamento autonómico, en la trasera del Lidl. Hay honrosas excepciones, claro, sobre todo en UPyD, que son los más disciplinados. En los días de Pleno el ambiente fantasmagórico, simplemente, se guarda para el día siguiente.

La nuevas hornadas se han encargado de cerrar el paraguas que servía de parapeto a sus señorías: «Es que no sólo trabajamos los días de sesión», han dicho durante años. Ahora suena a frase hueca. Vale, también acuden a las comisiones…, acuden, y ya. Lo de la Asamblea es un escándalo.

El incentivo de este 2015 es que llega con dos fechas electorales clave: el último fin de semana de mayo se celebran las elecciones autonómicas y municipales y en otoño, las generales. Los palmeros, como profesionales de esto, saben que en estos incipientes comienzos en la confección de listas hay que empezar a moverse. Camaleón que se duerme se lo lleva la corriente. En abril los partidos tienen que haber presentado ya sus candidaturas para la contienda.

¿Cree usted que la capacidad y el mérito sirven de algo en esta carrera? Desde luego que no. Ocurre como en su empresa. Ya sabe, hay que ser sociable. Eso siempre da resultado. Eche un vistazo a su alrededor cuando se haga determinadas preguntas. Ellos también están sujetos -hay quien piensa que sostienen- a las mismas estructuras franquistas que estrangulan a este país desde hace años.

Estamos en las fechas de elaboración de las listas para los comicios de mayo

Hay que reconocer también que hay quien se lo trabaja a lo largo de todo el año. Están día tras día en esa tarea a la que añaden intervenciones parlamentarias ásperas, faltonas y desagradables, con -0,5 de carga intelectual y un extraplus de demagogia. Como un adolescente que se envalentona sabiendo que tiene a todos sus colegas detrás.

Los más afortunados conseguirán mantener la poltrona y, dependiendo de cómo suene la flauta electoral, podrán pillar un puestecito de alto cargo o de asesor.

Los que, de momento, lo tienen peor son los del PP que no saben por dónde sopla el viento. No tienen ni idea de quiénes serán sus candidatos pero es que tampoco tienen ni la menor intuición de quién puede ser. A finales de este mes esperan, supuestamente, que Mariano Rajoy comience o no, a desvelar algún nombre. Ante las dudas, Esperanza Aguirre e Ignacio González ya se han puesto los primeros de la fila -en realidad han sido los únicos-, como esperando un dulce que nadie quiere.

En los partidos se insiste ahora, como si les hubiese dado un ataque de responsabilidad, en que no llegan los mejores a los puestos de responsabilidad. Claro, sólo así se explica el doble tirabuzón de entronizar a líderes con mandíbula de cristal; mal encajadores desde siempre y palmeros también en su momento, cuando la vida se vivía en blanco.

Pero hay una realidad inmutable que acompaña a los abrazafarolas, como diría García, que les quiten lo bailado durante el tiempo que les dure la música, que en la calle hace mucho frío y la cosita está muy mala. Desde estas líneas sólo pedirles un favor, que en su intento de seguir achinchetados en la silla no terminen haciéndose daño en sus próximas genuflexiones y que entrenen su flexibilidad, al menos hasta que la música acabe.

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