En @elmundoes: Mariano, demasiado tarde para cambiar

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Ilustración: ÁLVARO ORTEGA

Ilustración: ÁLVARO ORTEGA

El patroneo de los populares de la Villa y Corte roza el cuarto de siglo, y su idea, claro está, es mantener el bastión, pero con tranquilidad. «No se me alboroten», parece decirles a los suyos Mariano Rajoy mientras sus palabras navegan en un pentagrama de sarcasmo. Ellos, los aspirantes a todo y los que esperan vivir a su sombra, gambetean en la sartén madrileña como el maíz después de que Pablo Iglesias, el ‘Coleta’ -como aún lo retratan en un deje de desdén y paternalismo-, le haya metido fuego.

Esperanza Aguirre había sacado la silla a la puerta de su casa y esperaba al fresco a que el presidente de su partido la fuera a buscar. Pero llegó el frío y en diciembre pasó del «que me lo pida, pero en público» a recordarle que ella seguía estando ahí. De nada le ha servido arroparse con los resultados de las encuestas, Mariano se ha mantenido impertérrito. Hay quien puede sospechar que es porque no lo tiene claro… O no, como podría decir aquél. Lo cierto es que Madrid es la clave de bóveda electoral; el escaparate del cambio de régimen o de la confirmación del ‘marianismo’: el que resiste gana.

Si hoy uno se pone la mano a modo de visera ya puede atisbar los cuatro meses exactos que restan para la celebración de las autonómicas y municipales. Los que esperen renovación en los conservadores que se vayan lavando la cara. Ahí están los avisos judiciales que les han resbalado, y lejos de tomar decisiones internas han adoptado la estrategia de la cochinilla: hacerse una bola. ¡Si es que hasta han reformado su casa con dinero ‘negro’!, como ha atestiguado el juez Ruz. La Fiscalía Anticorrupción y la Abogacía del Estado dan por acreditada la existencia de una contabilidad ‘b’ en sus libros. Pero no digan PP, digan Bárcenas. Ellos juntan los labios y silban, con las manos reunidas detrás de la espalda, mientras se agarran al clavo ardiendo de que no hay sentencia firme. Todo muy convincente, muy ágil.

Por eso, a estas alturas, ya poco importa esto para designar aspirantes y estrategias. No esperen cambios. El presidente del PP ha llevado el partido como ha querido y entendido. Nada de asumir responsabilidades políticas, nada de lanzar candidatos sin salpicones con tiempo para solapar el cambio de ciclo. La apuesta ya está hecha. La idea es tan básica como arriesgada: subirse a la ola de la recuperación azuzando el miedo a la demolición de lo construido para que el votante anteponga un futuro alentador a esas cosillas de partido.

Que España comienza dar bocanadas es algo tan incontestable como echar un ojo a los datos económicos de la Comunidad de Madrid, o como que los recortes les van a pasar factura. Zapatero arrojó a su partido desde lo más escarpado de la mayoría absoluta del PP y aún no se ha dado de bruces contra el suelo.

Hay quien quiere ver en el ‘Caso Ático’ o en el emponzoñamiento del PP madrileño en ‘Gürtel’ o ‘Púnica’ un lastre a las aspiraciones de Ignacio González y Aguirre, respectivamente. Nada más lejos de la realidad. Serán señalados por el dedo de Rajoy o no, pero ya ha demostrado que eso no es concluyente.

En 1991 José María Álvarez del Manzano dejaba de calentar la banda en la plaza de la Villa y sustituía como alcalde a Agustín Rodríguez Sahagún (CDS), líder de la tercera fuerza más votada. Doce años después era apartado como un Homer Simpson con capa y el PP cerraba la entrada del PSOE a la capital con el ‘glaseado’ Alberto Ruiz-Gallardón. Le dio la vuelta a la ciudad disparando con pólvora del Rey -dejó más de 7.500 millones de deuda- mientras rezongaba por tener que ser quien decidía dónde se colocaban los cubos de basura de su barrio y en la Comunidad se forjaba una lideresa. Apuntaló la sexta mayoría absoluta municipal consecutiva para los conservadores y se exilió al Gobierno sacudiéndose la cubierta almibarada.

Su sucesora, Ana Botella, demasiado ha hecho con mantener los servicios públicos en lo peor del temporal mientras González ha aventado el pendón del ‘aznarismo’. Ahora sí, después de tantos años, hay una oposición preparada para descabalgarles, pero Rajoy no se altera: el camino ya está trazado y si los candidatos no son unos serán otros… O no

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