Grande, Alfonso en e-revista de @amytsmedicos, publicado por @actasanitaria: Señor ministro, me ha dado usted la cena

http://www.actasanitaria.com/senor-ministro-ha-dado-usted-la-cena/

En el último número de la Revista Madrileña de Medicina, editada por AMYTS, Alfonso López García de Viedma publica la siguiente carta dirigida al ministro de Sanidad.

Sí, señor ministro, lo que oye, me ha dado usted la cena. Soy médico de familia, médico de atención primaria, y el otro día, mientras estaba cenando, lo ví y le oí en el Telediario de la noche dar su opinión sobre las urgencias y la situación de colapso que están viviendo nuestros hospitales públicos; y no le tembló la voz para dar unos cuantos consejos y unas cuantas recomendaciones a los televidentes que en esos momentos teníamos el placer y el gusto de oírle (y digo teníamos, porque desde ese momento el placer y el gusto pasaron a mejor vida, por lo menos para algunos, entre los que me encuentro). No tuvo usted ningún reparo en aconsejar a los sufridos enfermos que en estos momentos de epidemia gripal que estamos sufriendo no acudan a las urgencias hospitalarias, que no colapsen los hospitales, que acudan a los centros de salud, a los médicos de atención primaria, que la atención primaria es la puerta de entrada del sistema público de salud.

Aconseja no colapsar los hospitales y no le duelen prendas en aconsejar que colapsen los centros de salud

Muy bien, señor ministro, muy bien, así me gusta; es un mensaje lleno de coherencia, justicia y solidaridad con otros profesionales: aconseja no colapsar los hospitales y no le duelen prendas en aconsejar que colapsen los centros de salud. Faltaría más, para eso están los centros de salud y los profesionales de atención primaria, para abrir la famosa puerta del sistema público de salud a todo aquel que lo crea necesario… Pero es que los centros de salud no son como los centros del Corte Inglés, por ponerle un ejemplo fácil que usted pueda entender, que en época de epidemia (las rebajas) abren sus puertas a los clientes con un importante aumento de su plantilla con contratos temporales. Aquí no pasa eso: aquí, y por si no lo sabe, señor ministro, no aumenta el personal, no se contratan profesionales de refuerzo, no existen los suplentes, no se cubren las plazas vacantes por jubilación, enfermedad, huida a la privada o muerte; aquí sólo existen profesionales cansados, desmotivados, hartos de mentiras y promesas incumplidas, hartos de trabajar en penosas condiciones, hartos de recortes y hartos de oírle a usted y a los que le rodean de la enorme satisfacción que tienen nuestros pacientes por la atención recibida en los centros de salud, según demuestran las encuestas de satisfacción que tanto les gusta a ustedes hacer y de las que tanto presumen. Y si estábamos hartos con todo esto, pues aparece usted con sus famosas recomendaciones y !!!!Hala, a trabajar a destajo, que estábamos aburridos!!!! Vamos, que como dice el dicho, “éramos pocos y parió la abuela”

Situación comprometida

¿No se ha puesto nunca a pensar cómo es posible este grado de satisfacción de los pacientes cuando la atención primaria está como está, colapsada siempre y más ahora con sus estupendas recomendaciones televisivas en todo un telediario nocturno y de máxima audiencia? Se lo voy a decir yo, pues creo que usted es incapaz de verlo: porque en atención primaria trabajamos un grupo de profesionales, médicos, enfermeros, auxiliares de clínica, administrativos y celadores extraordinarios, un verdadero equipo que trabaja sin desmayo, un verdadero equipo que, a pesar de todas las circunstancias negativas que antes le he enumerado, más las que usted provoca con su mensaje televisivo, saca el trabajo adelante gracias a su seriedad, profesionalidad, ética, responsabilidad y vocación… Vamos, más o menos como usted y la gente de su grupo, a los que les falta tiempo para decir que solo les mueve el servicio público, con la gran diferencia de que nosotros no estamos metidos en temas judiciales, demandas, corrupciones y contabilidades paralelas.

Señor ministro, no puedo callarme… se ha equivocado con su mensaje, sigue usted en la línea de sus antecesores en el cargo.

Señor ministro, no puedo callarme, lo siento; tengo que decírselo, se ha equivocado con su mensaje, sigue usted en la línea de sus antecesores en el cargo. Lo que tendría usted que haber dado a la población es un mensaje coherente, comentando que en aquellas ocasiones en las que es previsible que pueda haber un aumento de la demanda asistencial, como es el caso que nos ocupa, la gente debe procurar hacer un adecuado uso de los servicios sanitarios, pero de todos, de los de atención especializada y de los de atención primaria, con el fin de no colapsar ni los unos ni los otros, así como haber dado un mensaje tranquilizador en el sentido de que estos procesos catarrales, gripales, estacionales, etc, etc, son en general benignos para la inmensa mayoría de la población, que no suelen dar complicaciones y que precisan de unas medidas muy básicas y muy simples, como son: lavado de manos, beber abundantes líquidos, control de la temperatura ,toma de paracetamol, evitar aglomeraciones y, si fuese preciso, hacer reposo domiciliario 3 ó 4 días, ni más ni menos, así de simple y así de claro… Pero está visto que este tipo de mensajes es demasiado para usted, y es una pena, porque si todo un ministro de sanidad no lo tiene claro, imagínese el resto de los humanos.

Una puerta que se puede cerrar

Ya estoy acabando pero no quisiera hacerlo sin decirle que, efectivamente, la atención primaria es la puerta de entrada del sistema público de salud. Y es un placer para todos los que trabajamos en ella, y creo que así debe ser, pero también creo que toda puerta que se abre se puede un día cerrar, que la atención primaria no es un globo en la que cabe todo y se hincha y se hincha eternamente; un día puede explotar y, como no tome usted medidas serias, urgentes, consensuadas con los profesionales y con los sindicatos profesionales, siga usted así, provocándonos y dando estos consejos a la población, el globo va a estallar y cuando estalle le va a golpear fuerte, le va a hacer mucho daño y le va a hacer perder mucho, desde luego mucho mas que a mi y al resto de mis compañeros que ya lo tenemos todo perdido. Usted y su gente se han encargado de ello.

Y esto va a pasar porque llega un momento en la vida en que uno no puede más, la paciencia se acaba… La paciencia, bendita virtud que no sé dónde se compra, y a no ser que usted sea tan amable de decirme dónde puedo conseguirla, medio kilo más o menos, para seguir tirando, creo que me estoy quedando sin ella.

Deseo que no lea usted esta carta en el momento de su cena, no quisiera ser responsable de que se la estropee como me ocurrió a mí cuando le oí hablar, pero yo no pude evitarlo, usted hablaba cuando yo cenaba y, por el respeto que le tengo, señor ministro, no era cuestión de cambiar de canal.

Reciba usted un saludo.

Alfonso López García de Viedma

Médico de Familia del Centro de Salud Benita de Ávila (distrito de Hortaleza en Madrid) y Delegado Sindical de AMYTS

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