¿Y ahora, cual es el motivo? 48 horas aparcados en Urgencias en La Paz a la espera de una cama

http://www.elmundo.es/madrid/2015/03/15/5505f2fa268e3e244f8b4577.html

Imagen del interior de la denominada 'Sala de sillones' de...

La respuesta que la jefa del Servicio de Información, Atención al Paciente y Trabajo Social, Mercedes Sánchez Cano, dio a la familia prueba que el uso de sillones está normalizado en la sanidad madrileña. En su escrito, la funcionaria dice «lamentar» el malestar de la familia ‘por la ubicación de la paciente’. Acto seguido, intenta justificar que una enferma pueda permanecer día y medio aparcada en un sillón, e incluso asegura que el centro ha cumplido sobradamente los criterios de eficacia y presenta como suficientes los recursos de que dispone el centro.

‘Lamento sinceramente su malestar por la ubicación de la paciente; sin embargo, la (sic) informo de que los ingresos se producen en función de las altas existentes en cada momento’, aduce.

En el segundo párrafo de la respuesta, la responsable sanitaria asegura que uno de los objetivos que se han marcado es que el paciente ‘no supere la estancia en dicha área más de 48 horas’, dando así por bueno que ancianos y enfermos puedan permanecer dos días en esas circunstancias. Eso sí, añade: ‘Aunque entendemos que permanecer en Sala de sillones o en un Box de Observación, varios días, no es la situación ideal de confort para el paciente, los recursos materiales y humanos son los necesarios para satisfacer la demanda asistencial de los mismos, que es nuestra prioridad’.

Cuando la denunciante coincidió en la habitación con otra mujer de 74 años, una enferma nefrológica con un riñón trasplantado, tuvo conocimiento de que había padecido el mismo suplicio, pero durante 48 horas. Es decir, también en este caso el hospital había logrado cumplir su propio protocolo, ya que la mujer no había sobrepasado el límite fijado de espera en una situación ‘no ideal de confort’.

En teoría, el triaje -primeras pruebas para evaluar la gravedad de cada caso- determina cuánto tiempo puede pasar un recién ingresado a la espera «sin peligro».

En la práctica, pasar dos noches y dos días en un sillón es insufrible -incluso en buenas condiciones físicas- y en poco o nada contribuye a mejorar la salud de nadie. En todo caso, lo contrario, como ha advertido recientemente la Defensora del Pueblo, Soledad Becerril.

En enero de 2014 una mujer murió en el Hospital Severo Ochoa de Leganés tras pasar cuatro días en Urgencias. Seis meses más tarde un hombre de 81 años con un ictus fallecía en el Gregorio Marañón tras pasar cinco días a la espera de una habitación. Un año más tarde, nada ha cambiado.

La recomendación del Ministerio de Sanidad para urgencias es que los ingresados sean dados de alta o trasladados a planta en cuatro horas y que, en todo caso, nunca permanezcan más de 12 horas en el servicio. Pero, lejos de intentar acercarse siquiera a esta indicación, los gestores del Hospital La Paz han cuadruplicado en sus protocolos los tiempos máximos de espera sugeridos desde el Ministerio.

Este periódico se ha puesto en contacto con las dos pacientes citadas y un familiar, así como con responsables sindicales sanitarios para conocer de primera mano el lado más oscuro de la sanidad pública y averiguar si nos encontrábamos ante una situación extraordinaria, ligada a momentos puntuales, como puede ser un repunte de los casos de gripe. La conclusión es desoladora.

PROBLEMA ESTRUCTURAL

No estamos ante dos casos singulares, sino ‘ante un problema estructural, extendido en otros centro hospitalarios como el 12 de Octubre o el Hospital del Henares’, asegura a este diario una sindicalista que prefería mantenerse en el anonimato. Otra representante sindical, la secretaria de CCOO en La Paz, Esther Quiñones, apunta a una casuística evidente -‘los recortes en los servicios públicos’- y a una política generalizada con el propósito de evitar que se filtren las incómodas fotos y vídeos domésticos de enfermos en los pasillos que hace tan sólo un año escandalizaron a la opinión pública.

‘Es verdad que cuando hay picos de gripe esto pasa más. Pero en dos años hemos perdido a 7.000 profesionales, se cierran camas, no se aumenta el personal, así que ahora es frecuente que estas situaciones se produzcan en cualquier época del año;sobre todo en periodos de vacaciones en los que parte de la plantilla está descansando. Cierran camas y no lo reconocen, y como no quieren que haya enfermos en los pasillos, recurren a los sillones en salas cerradas’.

Según esta explicación, en casos de colapso cada vez más frecuentes por los recortes, los gestores de la sanidad pública habrían ordenado sustituir el uso de las aparatosas camas hospitalarias por discretos sillones, amén de extremar la vigilancia para impedir la filtración de imágenes incómodas.

Ninguna autoridad va a reconocer que existió esa directriz, pero como podemos comprobar en el documento que reproducimos en esta página, la institucionalización de esta práctica tiene un nombre en las respuestas oficiales: «Sala de sillones», con mayúscula. Además, ELMUNDO accedió el pasado sábado (17ºC) a esta sala de urgencias de La Paz y había cerca de 30 personas instaladas en sillones. Cuando entraron las dos pacientes, en febrero, su número sobrepasaba los 100, según declararon ambas a este periódico. Cada vez que un enfermo o sus familiares se atreven a quejarse, el centro se aplica en derivar enfermos a otros hospitales para ‘limpiar urgencias’. La Sala de sillones se vacía hasta que se calman las aguas y cada paciente ingresa y permanece en el centro que le corresponde.

DEFENSORA DEL PUEBLO

La respuesta única a la falta de medios materiales y humanos de una sanidad diezmada por los recortes no puede ser ocultar, silenciar o tratar de justificar con excusas los problemas existentes, ni desoír las recomendaciones del Ministerio ni hacer caso omiso de los informes de la Defensora del Pueblo, Soledad Becerril.

En un dossier publicado recientemente, la ex diputada del PP advertía de que ‘las situaciones de saturación en esas áreas incrementan el riesgo de error humano’ en los tratamientos. También ponía el acento en que normalizar este tipo de arreglos, lejos de ser una solución, ‘prolonga la permanencia de pacientes no siempre en condiciones de dignidad e intimidad’. Los profesionales sanitarios, en privado, animan a denunciar.

‘HABÍA UN BAÑO PARA TODOS’

María (nombre ficticio) tiene 83 años e ingresó a mediados de febrero en urgencias de La Paz: ‘Fue horrible, pasé un día, una noche y otro día en un sillón. Ahí lo teníamos que hacer todo, vestirme, comer, dormir… Ni me dieron almohada. Estaba lleno de gente, todos en sillones y no tenía ni almohada, ni manta, ni nada. Los médicos se quejaban porque no podían trabajar’.

Su familia asegura que los propios facultativos les animaron a denunciar. Ya en planta se encontró con otra paciente, de 74 años, que llegó a pasar dos días y dos noches enteras en la misma situación. Su testimonio es deprimente: ‘Son sillones desvencijados, no tienen reposapiés, se caen… Aquello era tercermundista. Los mismos médicos se tiraban de los pelos porque no podían trabajar. Seríamos más de 100 personas en dos salas y en pasillos, también había gente en camillas, y allí había sólo un cuarto de baño para todos’.

Los profesionales aseguran que algunos enfermos llegan con

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