Los extraordinarios médicos del futuro. EL PORVENIR DE LA PROFESIÓN. “El por qué de la necesidad de que un médico sea más que un médico’”, por la delegación CEEM de la Universidad Autónoma de Madrid

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EL PORVENIR DE LA PROFESIÓN. “El por qué de la necesidad de que un médico sea más que un médico’”, por la delegación CEEM de la Universidad Autónoma de Madrid

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Hay personas en la vida que inspiran, que te despiertan de la rutina recordándote tus metas. Personas que te ayudan a reconocer que la vida tiene sentido y que de poco sirve hacer un trabajo en el que te des a los demás si tú has perdido la ilusión por hacerlo.

Desde el instante en el que cualquier estudiante de medicina se dispone a entrar en la carrera tiene claro un aspecto de su vocación: ayudar a los demás. Otras cosas pueden diferir, pero si hay algo que todos compartimos el primer día de universidad son las ganas e ilusión de aportar nuestro pequeño granito de arena al mundo.

Sin embargo, como en todos los aspectos de la vida, el hábito muchas veces hace perder la noción real del lugar adonde se dirigen nuestros pasos, y nos limitamos a acometer como autómatas una serie de tareas cuyo valor, por el mero hecho de repetirlas, parece quedar difuminado. Esto sucede en casi todo lo que está empañado por el velo de la rutina, pero en el caso particular de los trabajadores de la salud es quizás más paradójico: ¿cómo alguien que se dedica a salvar vidas, o al menos proyecta hacerlo, puede llegar a perder la ilusión por su día a día?

No deja de ser un contrasentido comenzar una carrera, de por sí larga y sacrificada, alegando una enorme vocación pero poniendo el punto de mira en el futuro lejano e inmediatamente posterior al examen MIR. No obstante, la tónica general desde el momento que se inicia apunta a que esos seis años son un trámite, instructivo, pero eminentemente burocrático para llegar a la residencia. Son muy pocas las veces que se oye a un estudiante de medicina describir alegremente lo que disfruta estudiando aquello que eligió con tanta pasión, en comparación con las quejas sobre exámenes, rotaciones, profesores y temario innecesario. Después, esas quejas viran hacia el MIR. Después, las guardias. Y, una vez asentado en un puesto fijo, la desidia de la rutina.

Con todo ello no hay que concluir que la vida del médico está avocada a la infelicidad, sino todo lo contrario. Realmente tanto el camino como la meta cumplen el requisito, aparentemente, de aportarnos una vida plena. Pero la realidad es que no disfrutamos de ello como podríamos. Y eso, aunque de forma un tanto reduccionista, se puede explicar por el hecho de que nos preguntamos ¿sirve para algo lo que hago? y muchas veces no sabemos respondernos afirmativamente.

El otro día, en una práctica de Psicología Médica, nos plantearon la siguiente cuestión: “¿Qué es lo que hacéis en vuestro día a día para ayudar a los demás?”. Sorprendentemente, gran parte la clase se quedó callada. Por supuesto, al final todos dijeron algo, desde “recojo a mi hermano del colegio” a “hago apuntes para pasárselos a un compañero que no puede venir a clase”. Pero, sin duda, los que más murmullos de aceptación despertaron fueron aquellos que tenían que ver con el voluntariado. Además, aquellos que contaron cómo un día a la semana iban a repartir bocadillos a gente sin techo, visitaban residencias de ancianos o emprendían proyectos de proyección más sanitaria como el novedoso Hospital de ositos, que simula todo tipo de experiencias médicas sobre ositos de peluche para que los niños pierdan el miedo a la medicina, acabaron sus aportaciones diciendo “esta actividad es lo que más me motiva a lo largo de la semana. Soy consciente de que no hago un gran cambio, pero me siento muy bien conmigo mismo al ver reflejado en la cara de los demás que el tiempo que les dedico realmente les ayuda”.

Es muy importante levantarse cada día otorgando a nuestra actividad el valor que realmente se merece. No sólo por evitar caer en una práctica despersonalizada y perjudicial para nuestros pacientes, sino para hallar la motivación y las fuerzas que nos permitan continuar creciendo y disfrutando de nuestra vida. Por ello, quizá sea bueno reflexionar sobre un proyecto social que nos llene y que podamos comprometernos a realizar de forma asidua, de tal forma que nuestras metas pasen de ser un vago recuerdo a un hecho tangible que nos haga conscientes de que el esfuerzo merece la pena.

Laura Artiga Sainz.
Delegación CEEM, Universidad Autónoma de Madrid.
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La visión crítica de un médico sobre el "sistema". Dar opinión y comentar la información, sobre todo sanitaria, pero no exclusivamente. Me interesa lo que sucede y el entorno.

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