E-revista de @amytsmedicos. Siempre un placer leer a @mangelmyts. PROFESIÓN. Sobre validación y acreditación profesional

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PROFESIÓN. Sobre validación y acreditación profesional

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140 Desarrollo Profesional 3x3 cmEn estos días hemos vuelto a oír hablar de validación y certificación profesional, dos términos ligados al campo del desarrollo profesional de los que periódicamente vamos teniendo noticia. Y es que esta semana se firmó el acuerdo de colaboración entre la Organización Médica Colegial (OMC) y la Sociedad Española de Medicina de Urgencias y Emergencias (SEMES), y la pasada con las sociedades científicas de médicos generales y de familia (SEMERGEN, SEMFYC Y SEMG), para elaborar un proceso conjunto de Validación Periódica de la Colegiación y de Recertificación profesional para los médicos de estos colectivos. En dicho proceso se evaluarán y acreditarán la buena praxis, el estado psicofísico y la actividad laboral del profesional por parte de la OMC, y el desarrollo profesional continuo y la formación continuada por parte de las sociedades. En las declaraciones de los líderes de dichas organizaciones se habla de la “necesidad de valorar la competencia profesional” y de su recertificación, que “debe ser asumida plenamente por todos los médicos”, y del desarrollo de una “metodología evaluativa que permita obtener información fidedigna” necesaria en dicho proceso, con el fin de “garantizar a los ciudadanos que los médicos les van a atender en las mejores condiciones”; incluso se planeta que dicho proceso pueda constituirse en “la base de la carrera profesional de los médicos” de la correspondiente especialidad. Previamente, antes del verano, ya se había firmado un acuerdo similar entre la OMC y la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (SEPAR), que permitiría “definir y desarrollar los estándares de las competencias específicas de los especialistas” y evaluarlos “cuando lo soliciten dichos especialistas”.

El proceso, impulsado por la Organización Médica Colegial desde su papel de garante del ejercicio profesional y por las sociedades científicas, cuya misión principal tiene que ver con la promoción de las competencias profesionales de las distintas especialidades, origina temor e incertidumbre entre los profesionales, cuya primera percepción es la de que se va a cargar a sus espaldas un nuevo peso vinculado con su compromiso profesional (manifestado ya en la mayoría de los casos a través de su estudio personal y de su participación en actividades de formación continuada), complicando aún más, en muchos casos, el equilibrio entre su vida profesional y personal, y hasta puede que repercutiendo negativamente en su economía, si los requisitos que se planteen suponen un coste añadido. Y esto no significa que los médicos no entiendan la importancia de la actualización de conocimientos y competencias, sino que entienden y viven, desde la cotidianeidad, el peso para ellos ya asumido de su compromiso y el incremento continuo de responsabilidades al que tienen que hacer frente. De hecho, en la reciente jornada “Recertificar a los médicos”, celebrada en el marco de la Escuela de Salud Pública de Menorca con la participación de la Administración Sanitaria, se confiaba en la “flexibilidad de los profesionales para adaptarse a esta situación”, lo que parece apoyar este temor antes mencionado, y, al parecer, nadie hizo hincapié en la necesidad de que no se complique aún más la práctica médica con nuevos requisitos burocráticos o de otro tipo destinados a este “nuevo” proceso.

Hablemos claro. El desarrollo profesional, como proceso, es positivo, porque implica una continua actualización de los conocimientos y habilidades necesarios para un ejercicio profesional de calidad. El concepto podrá ser (relativamente) nuevo y específico, pero no hace sino reflejar una práctica ya habitual en la profesión médica, a buen seguro en la mayor parte de ella. No está de más, en absoluto, potenciarla, facilitarla y reconocerla. Incluso estructurarla, y a este objeto el trabajo de la organización colegial, de las sociedades científicas y de cualquier otra entidad comprometida con ese proceso no puede ser sino bienvenido.

Sin embargo, son muchas las trabas que este proceso tiene en el momento actual. No hay más que repasar las herramientas de las que se habla en el artículo antes mencionado sobre la Jornada “Recertificar a los médicos” para comprobar el escaso apoyo que tienen en nuestro país: son evidentes las trabas y/o la falta de apoyo por parte de las administraciones sanitarias a la participación de los profesionales en la formación continuada, y no existe conocimiento, entre los profesionales, de herramientas tales como la evaluación 360º, muy estimada, por otro lado, en algunos otros países con un mayor nivel de avance en la configuración de procesos de desarrollo profesional. La primera obligación, por tanto, de las administraciones e instituciones profesionales debe ser la de promover, configurar… procesos sólidos de desarrollo profesional para facilitar el esfuerzo de los profesionales. Y es eso precisamente, y no más, lo que viene obligado por la directiva de reconocimiento de cualificaciones profesionales, que en su reforma de 2013 modifica el artículo 22b y lo deja de la siguiente manera:

Los Estados miembros velarán, de conformidad con los procedimientos propios de cada Estado miembro y mediante el fomento del desarrollo profesional continuo, por que los profesionales cuya cualificación profesional esté sujeta al capítulo III del presente título puedan actualizar sus conocimientos, capacidades y competencias con el fin de preservar el ejercicio seguro y eficaz de su profesión y mantenerse al día de la evolución de la profesión

El encargo es claro: fomentar el desarrollo profesional. De su evaluación no se dice nada, probablemente no porque no sea necesaria, sino porque precisa previamente de lo anterior. Así que un  proceso de recertificación profesional que incorpore en su seno la evaluación previa de los profesionales no es un requisito directo de la Directiva, y no se puede amparar en ella para su justificación. Otra cosa es que sea necesario evaluar cualquier iniciativa que se lleve a cabo, y que dichos procesos de promoción del desarrollo profesional tengan sus propios mecanismos de evaluación; totalmente de acuerdo.

Por otro lado, el marco legal español, en el que destaca la LOPS, establece, dentro del desarrollo profesional, tres procesos diferentes que lo constituyen: lo que podríamos considerar el diseño de procesos de desarrollo profesional, la evaluación del mismo, y la carrera profesional. De nuevo aparece aquí una separación clara entre lo que sería el desarrollo profesional como proceso de actualización continua y la evaluación del mismo en cada profesional.

El Foro de la Profesión Médica, en el que, además de la organización colegial y las sociedades científicas, se encuentra la Confederación Estatal de Sindicatos Médicos como representante de la dimensión laboral del ejercicio profesional, además de otras organizaciones, ya se pronunció favorablemente hace cuatro años en torno al desarrollo profesional, entendiéndolo como un proceso de largo recorrido. La presencia sindical en dicho pronunciamiento no fue para oponerse al mismo, sino para garantizar que todo ese proceso se hacía respetando los derechos de los propios profesionales (a su formación, a condiciones laborales justas, a no cargar sobre sus espaldas esfuerzos adicionales no reconocidos, a una adecuada incentivación de cualquier nuevo requisito), y llama la atención que dicha voz, la sindical, no haya sido tenida en cuenta en la reciente evolución del tema. Porque, querámoslo o no, ninguna de las organizaciones profesionales existentes representa la visión completa de la profesión: la organización colegial, como corporación de derecho público, tiene como misión fundamental garantizar un ejercicio profesional seguro y de calidad, y por ello contempla la profesión médica desde el punto de vista del compromiso y la exigencia; y las sociedades científicas tienen sobre todo su razón de ser en relación con la formación y adquisición de conocimientos y habilidades (desarrollo profesional propiamente dicho) por parte de los profesionales y la promoción del ejercicio concreto de su especialidad. Y si tenemos en cuenta el posible sesgo de selección en cada una de las dos organizaciones, tendremos que sus representantes destacarán, precisamente, en relación a la exigencia de compromiso profesional y de las competencias adecuadas para el ejercicio (lo que, desde luego, no es ni mucho menos una deshonra), quizás dejando en segundo plano la visión del médico como persona con derechos y necesidades, visión que es imprescindible para representar adecuadamente al conjunto de la profesión.

Las conclusiones del XI Congreso de CESM (2012) tienen pleno sentido hoy:

8. El Desarrollo Profesional es la forma de conceptualizar y valorar el compromiso del médico en el mantenimiento y continua mejora de su competencia a lo largo de toda su vida profesional, como elemento imprescindible de la calidad asistencial.
El esfuerzo de este compromiso requiere ser reconocido adecuadamente en el ámbito laboral, social y profesional.Los sistemas de valoración del Desarrollo Profesional deben servir para estimular, orientar y facilitar al médico la consecución de ese compromiso.
Por ello, la CESM trabajará para allanar el acceso de los médicos a la formación, y para que, en el ámbito laboral, se den todas las condiciones necesarias y se establezcan los espacios temporales oportunos que hagan posible, factible y alcanzable el correcto Desarrollo Profesional del médico y su adecuado reconocimiento.

Sea mediante la presencia institucional, sea (porque no se trata de estar o no estar, sino de que se consideren adecuadamente todas las perspectivas) por la concienciación de todos los agentes sobre esta última realidad del médico como persona, sus derechos, temores y necesidades deberán ser tenidas en cuenta, si es que de verdad queremos promover el ejercicio de la profesión. Porque ésta no descansa en las nubes, ni en realidades angélicas, sino en profesionales de carne y hueso, con sus propias debilidades y fortalezas, plurales y variadas. Y nuestro papel será recordar esto una y otra vez, en cualquier proceso serio de promoción del desarrollo profesional.

Miguel Ángel García Pérez
Médico de familia. Responsable de Formación y Desarrollo Profesional de AMYTS. Director médico de la Revista Madrileña de Medicina
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