“Un buen cuidador debe empezar por cuidarse a sí mismo” @jezquerra57

CON FIRMA. “Un buen cuidador debe empezar por cuidarse a sí mismo”, por Julián Ezquerra

174 Corazón 3x3 cm

Decía Horace Smith que “la caridad comienza por nosotros mismos, y la mayoría de las veces acaba donde empieza”. Sabia frase que refleja muy bien lo que quiero expresar en este artículo.

¿Qué está pasando en nuestra Sanidad para que los cuidadores, los profesionales, los que garantizan que el sistema funcione, dejen a un lado su propio cuidado y sean capaces de abandonarse a sí mismos? Me preocupa que esta autodestrucción sea el final de unos profesionales altamente especializados, que son de los más considerados por la sociedad, de los que tienen posiblemente el mayor nivel de conocimientos, de exigencia, de cualificación, y de esfuerzo para mantenerlos.

Resulta difícil comprenderlo, aunque si se analiza detenidamente la situación y cómo se han desarrollado los acontecimientos en las últimas décadas, es posible acercarse a su entendimiento. Una profesión de origen individualista, en la que lo más “sagrado” era la relación humanista “médico-paciente”, la confianza en sus conocimientos por parte de un paciente, al que con el paso del tiempo se ha llamado cliente o usuario, en la que el médico ha ido pasando a ser el “peón cualificado” de un sistema que poco a poco se está convirtiendo en algo parecido a una fábrica de hacer actos médicos, en la que los protagonistas no son el enfermo y el profesional, sino la tecnología, los directivos, “la gerencia”, los números malditos (las listas de espera, números; consultas, son números; intervenciones quirúrgicas, mas números; índices, ratios, etc.). Una mención especial a las gerencias: llamativo es que cuando una noticia sanitaria, que por ejemplo dice “se realiza el primer trasplante renal en el Hospital X”, se acompaña de la foto del gerente del centro, no de la del equipo que lo lleva a cabo. Qué triste y qué pena, ver cómo el actor principal no aparezca en los títulos.

Así hemos llegado hasta el momento actual, en el que los profesionales luchan denodadamente para no caer en la desidia, en la pérdida de fuerza, en la asunción de un papel secundario, en admitir que nuestra dignidad, el respeto, el reconocimiento profesional, tienen que importar más allá de los desahogos de café, de pasillo, de los lamentos y, a pesar de todo, agachar la cabeza ante los poderosos… De no ser así, permitimos por omisión la proliferación de políticos, administradores, estructuras directivas que hacen y deshacen, controlan nuestras vidas profesionales, premian o castigan a su antojo, y cada vez con más frecuencia con cómplices entre nuestros propios compañeros.

A la vista de esto, no es extraño que seamos sumisos, que no reaccionemos, que olvidemos que cuidarse a sí mismo es la primera de nuestras obligaciones, que trabajar con dignidad, con el respeto y el reconocimiento de quién nos dirige, es la base para ejercer los cuidados a los demás en unas condiciones optimas. Sentirse cansado, descuidado, nada reconocido, “mecanizado”, hace que no solo seamos mal cuidados, sino también que los pacientes se vean seriamente perjudicados.

Esta semana hemos conocido lo que es un ejemplo de situaciones con las que convivimos y a las que no somos capaces de hacer frente, por eso del miedo, de la sumisión, de no verse retratado y rechazado. Me refiero al caso de la compañera que denuncia la situación en su hospital en relación a su contrato y que no puede dejarnos indiferentes. ¿Esto es algo extraño o anecdótico? Sinceramente, creo que no. Y lo peor es que poco a poco se interiorice que es lo normal, que los profesionales lo asuman como algo cotidiano y que incluso se escuchen voces que defiendan estas cosas.

Seamos egoístas por una vez y pensemos en nosotros mismos: no te preguntes qué hacen por mí, sino pregúntate que puedo hacer por mí mismo. Las organizaciones profesionales te podemos ayudar a vehicular y favorecer, encauzar y legitimar, organizar y dirigir las demandas, pero no bastamos si todos los profesionales no defendemos nuestro ejercicio en primera persona. Termino como empecé, dejando abierta la frase para que la completéis vosotros: “la caridad comienza por nosotros mismos…”

Julián Ezquerra Gadea
Médico de familia

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La visión crítica de un médico sobre el "sistema". Dar opinión y comentar la información, sobre todo sanitaria, pero no exclusivamente. Me interesa lo que sucede y el entorno.

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