Unas reflexiones en alto de un “acompañante ingresado” en el hospital

Soy médico, conozco el sistema sanitario, he sido director de hospitales, he tratado a miles de pacientes, soy parte del sistema, y tengo que reconocer en alto que “no me gusta nada cómo se trata a los acompañantes”. No es lo mismo estar al otro lado de la cama.

Creo que tenemos el mejor servicio sanitario que podemos ofrecer a los pacientes, a los que tratamos con cariño, con dedicación, a los que se ofertan todo tipo de tratamientos, disponemos de medios materiales, fármacos, tecnología avanzada, todo lo necesario por y para los pacientes. De esto no hay duda.

Pero, ¿qué ocurre con el sufrido acompañante?. Esto es otra cuestión. El sufrido acompañante que comparte habitación e ingreso con su familiar, y en demasiados hospitales con otro paciente y su acompañante, pues por desgracia, las habitaciones individuales aún son escasas. Repito, ¿qué ocurre con el sufrido acompañante?, pues es muy sencillo, que es el tristemente abandonado, olvidado, maltratado..etc. Veamos lo que ocurre.

El acompañante ingresa con el familiar, es decir que el enfermo y su acompañante son uno a la hora del ingreso. La habitación, individual o compartida, es para el enfermo y su acompañante. Lógicamente el enfermo tiene su cama, su ropa, su sitio; es el centro, el que requiere los cuidados y el tratamiento. El acompañante es ese otro que siempre está ahí, que cuida las 24 horas del enfermo, que atiende sus necesidades, que da cariño y compañía. El personal de enfermería es profesional, atiende magníficamente a sus pacientes, en ocasiones con demasiados a los que atender, que dependen en gran medida de la inestimable colaboración del acompañante.

Y ahora viene lo malo. ¿En qué condiciones está el acompañante? Ahora diré lo que he pasado yo como sufrido acompañante. Algunas aventuras personales. Inicio este relato con lo más duro que he vivido. Hace unos años “ingreso con mi hija” en un hospital de Logroño, un hospital nuevo, con habitaciones individuales, todo muy moderno y muy bien. Habitación grande, en la que solo hay una silla y el habitual sillón de tortura que forma parte de la decoración de todas las habitaciones de hospital. No sé quien diseñó estos sillones, pero creo que o era masoquista o no se sentó jamás en ellos, y no digamos nada de intentar dormir. Tanta habitación y ni un modesto y sencillo sofá-cama. Total, días de ingreso que tenía que dormir tirado en el suelo, sobre una manta que logré conseguir un poco de “extranjis”. ¿Cómo es posible que un hospital nuevo, no tenga sofá de acompañante? Pues no lo tenía.

Recientemente, vamos estos días para más señas, nuevo “ingreso como acompañante”, esta vez en Madrid, en un gran hospital, mi hospital, uno de los nuevos, la joya de la corona, un impresionante y magnífico hospital. Habitación individual, y este si tiene sofá-cama para acompañante, y por supuesto también su silla y el consabido sillón de tortura. Conseguir ropa para el sofá imposible, almohadas cotizadas que ni te cuento, al menos si alguna manta. El sofá estaba bien cuando se abrió el hospital, pero el paso del tiempo ha dejado huella. Grietas, un colchón no apto para espaldas doloridas, somier con reparaciones estilo Macgyver, (cinta americana sujetando lamas), y una mierda acumulada de años, a punto de fosilizar. ¿Qué pasa con la limpieza? Solo pasar un trapo y la fregona no es suficiente. Hay que revisar y limpiar a fondo de vez en cuando. ¿La concesionaria no cumple su trabajo y nadie se lo exige o es que no lo ve nadie? Si el material se deteriora, ha llegado a su fin, ¿quién debe exigir su recambio?, ¿se pide?…

En fin, que quiero decir que el acompañante es fundamental en nuestro sistema. Que sin el acompañante el personal sanitario tendría que incrementarse de forma casi inasumible, que el acompañante es uno más del sistema y como tal debe ser tratado. Por favor, tratemos a los acompañantes como se merecen.

La tan de moda humanización, esa que ahora está en boca de todos y que hasta tiene una Dirección General, no debe olvidarse de los acompañantes, una figura imprescindible del sistema, al que en gran medida también sostiene.

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