Quien a hierro mata, a hierro muere. Qué jodido es que no te quieran en @elmundoes

Esta entrada la hago sin comentarios. Solo leer lo que dice este articulista en El Mundo. Bueno, si, he metido en el titular de la noticia del blog el “quien a hierro mata, a hierro muere”

http://www.elmundo.es/madrid/2015/10/30/5633adcae2704e8a718b458a.html

Qué jodido es que no te quieran

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Tiene que ser jodido eso de haberlo sido todo, de sentir que eras alguien con poder, una persona que se creía con la capacidad y, sobre todo, con la libertad de intimidar a las ‘pulgas’ que te incomodaban y de repente mirar bajo tus pies para descubrir que ya no hay pedestal, que ahora estás enterrado en un montón de arena hasta las rodillas.

Hay que tener la cabeza muy bien alicatada para no verte por las calles dándole la chapa a la concurrencia…: «Yo un día fui presidente/a de la Comunidad… Por mis manos pasaron más de 180.000 millones de euros de los ‘limpitos’. Yo los amontonaba, repartía y empaquetaba en presupuestos ahí, desde Ese despacho de la Real Casa de Correos. Yo hacía temblar a los viceconsejeros como hojas cuando cada martes les pedía cuentas en las preparatorias del Consejo de Gobierno. A alguno/a, incluso, le tuve que llegar a escurrir las lágrimas… Yo un día fui presidente de la Comunidad de Madrid…».

Ignacio González anda ahora pidiendo árnica, como dicen en el PP de forma pomposa e hiriente, a los que un día fustigó con saña, mientras Esperanza Aguirre intenta apretar el nudo de una soga que aún la sujeta al partido en Madrid. El problema es que ella ya no tiene la fuerza de los años del ‘pico y pala’ y tampoco hay quien tenga interés en echarle una mano. El vis a vis del ex presidente con Ángel Gabilondo, aireado a los cuatro vientos, ha servido para constatar lo ‘perjudicado’ que está, como maliciosamente dicen los que un día fueron los suyos.

Él se queja amargamente y con un punto de mala leche, agria, claro, le cuenta a todo el que lo quiere escuchar que Cifuentes no lo protege, que lo está utilizando, que lo va a dejar a los pies de los caballos en la Comisión de Investigación sobre la Corrupción para remarcar su pureza, la pulcritud de la nueva etapa que ha descorchado.

Por si alguien dudaba de que no había enviado el mensaje por los canales suficientes para le llegase se lo dijo a ella directamente. Cifuentes se ajusta el nudo de la coleta y le muestra los escaños de la Asamblea, 47. La oposición rellena el resto de asientos, 82. Los tiempos en los que no se podía preguntar en la Cámara autonómica por las relaciones del entonces presidente con Enrique Cerezo; sobre Caja Madrid y las ‘tarjetas black’; de Telemadrid; de retorcer el Reglamento de la Cámara hasta que escupía lo que el rodillo de la mayoría ‘sugería’ fueron enterrados en una urna de poliuretano el pasado mes de mayo.

La presidenta le abre la puerta y le invita a hacer el ‘paseíllo’ sobre el alambre de funámbulo sin más red que su herencia. Él tiene puesta la cruz en el calendario, el 18 de diciembre, dos días antes de las generales mientras en el PP tratan de convencer a los del otro lado de la mesa que dejen el escarnio de la Comisión de Investigación para el año nuevo. No parece que vayan a tener mucha suerte. Si no arde ese día en la pira González lo hará su ‘mano derecha’, Salvador Victoria.

Esperanza Aguirre, entretanto, pone cara de póquer a los medios cuando la pinchan con las disputas del partido que conduce. «Es una gran presidenta», dice negando que haya una falta de sintonía con Cifuentes, maniobrando dialécticamente como si aparcase de nuevo en el carril bus de la Gran Vía. Y es que, en ese mismo instante ‘elmundo.es’ publicaba el encuentro de su ‘subalterno’ con el portavoz socialista.

Ha pasado de levantar expectativas a rumores. El penúltimo es que su partido la va a mandar de vuelta al Senado, aunque entre los suyos en el Ayuntamiento y en la Asamblea de Madrid, ven más cerca su pase a la ‘reserva’.

En el mitin del pasado domingo en Alcorcón, la presidenta del PP y la de la Comunidad dieron una lección de lo que ha de ser la corrección de las maneras impostadas. Entre ellas, un iceberg y Cifuentes recogiendo los ‘trastos’ y cerrando el acto. Un diputado ‘popular’ con más conchas que un galápago le quita la lente de aumento y lo reduce a la máxima lapidaria: «Es ley de vida. Llega lo nuevo para llevarse por delante lo viejo».

Tiene que ser jodido mirar alrededor y palpar sólo fantasmas. Tiene que ser jodido darte cuenta de que la música ha dejado de sonar hace rato y que ya no hay nadie para aplaudirte.

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